16/01/2026

Albania: cómo llegar y por qué enamorarse de Himarë y Qeparo

Europa tiene rincones que parecen secretos bien guardados. Albania es uno de ellos.  Entre montañas que se funden con el mar Adriático y playas de agua turquesa, este  país balcánico ofrece paisajes sorprendentes y todavía poco explorados por el turismo  masivo. 

Cómo llegar desde Argentina 

Aunque no existen vuelos directos, es más sencillo de lo que parece. Lo habitual es  volar desde Buenos Aires a Madrid, Roma o Estambul y desde allí conectar a Tirana, la  capital albanesa. Otra alternativa es volar a Atenas (Grecia) y cruzar en bus hacia  Albania, o combinar con Corfú (Grecia) y tomar un ferry hasta Sarandë, uno de los  puntos de acceso a la Riviera. 

Una vez en la costa sur, la ruta hacia el norte bordea acantilados y miradores  espectaculares, y es ahí donde aparecen dos joyas: Himarë y Qeparo

Himarë, vibrante y relajada 

Himarë es una pequeña ciudad costera que combina el encanto de un pueblo griego  con la frescura mediterránea. Su paseo marítimo está lleno de bares y restaurantes  donde el pescado fresco se sirve casi directo del mar al plato. Las playas son  tranquilas, de agua transparente, ideales para nadar y descansar sin las multitudes  que invaden otros destinos europeos. 

Desde lo alto, el castillo de Himarë regala vistas que parecen sacadas de una postal: el  azul intenso del mar enmarcado por las montañas. 

Qeparo, la aldea detenida en el tiempo 

A pocos kilómetros, Qeparo conserva la esencia de la Albania más auténtica. El casco  viejo, con sus casas de piedra y callecitas empinadas, invita a perderse sin apuro. La  playa es más rústica y calma, perfecta para quienes buscan desconectarse. 

El contraste entre el mar cristalino y la aldea antigua hace de Qeparo un lugar único,  donde se siente que el tiempo avanza más despacio.

El encanto de lo inesperado 

Himarë y Qeparo muestran la otra cara de Europa: playas casi vírgenes, pueblos con  historia y precios mucho más accesibles que los de Grecia o Croacia. Albania todavía  no está en todos los mapas turísticos, y quizás ahí resida su mayor magia: descubrirlo  es sentirse un viajero pionero.


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